¿Con qué saboreamos?
La respuesta inmediata suele ser “con la lengua”. Realmente, el que saborea es el cerebro pero, ¿cómo comprobarlo de un modo sencillo?
Nos podemos acercar a esta idea con varias experiencias sencillas. Casi todo lo que consideramos sabor (un 95%) lo detectamos con el olfato. Con este sentido podemos traducir la señal química que se desprende de los alimentos a una señal nerviosa que llega directamente al cerebro. Olemos gracias a la presencia y funcionamiento de tres elementos:
1) los compuestos químicos liberados al ambiente;
2) los receptores olfativos que se encuentran en la parte superior de la cavidad nasal y
3) el cerebro, que se encarga de analizar e interpretar la información olfativa.
¿Podemos saborear sin olor? Se puede comprobar fácilmente no respirando cuando tragamos un alimento o bebida. ¿Cómo podemos demostrar que es el cerebro realmente el que huele? Pues muy fácil, no hay más que meternos en la boca, por ejemplo, una fruta y oler otra fruta diferente, sin saber a priori que frutas son. Veremos como nos es más difícil detectar de qué fruta se trata.
Fuente: ¿Con qué saboreamos?
He visto esta conferencia de Manuel Toharia varias veces ya, en Almería y en Jumilla (Murcia), donde argumenta que la ciencia también es cultura de un modo divulgativo para alumnos y alumnas de enseñanza secundaria y bachillerato y, en general, para todos. Aquí os dejo la conferencia en 9 fracciones:
Sincronización.
Este fenómeno ya lo observó el físico Christiaan Huygens en el siglo XVII. Huygens tenía en una pared de su dormitorio dos relojes de péndulo de su propia invención. En febrero de 1665, convalecía de una gripe en su cuarto. Mientras los miraba aburrido, se dio cuenta que los péndulos de ambos relojes estaban perfectamente sincronizados. Huygens sabía que era prácticamente imposible que ambos péndulos oscilaran exactamente igual por azar. Y eso llamó poderosamente su atención. Es más, era casi imposible que se mantuvieran así durante mucho tiempo. Los observó durante horas y ambos relojes seguían sincronizados. De modo que supuso que, de alguna manera, los relojes estaban interaccionando. Huygens intuyó que eran las vibraciones que se transmitían por la pared donde ambos relojes estaban colgados. Colocó uno de los relojes en el otro extremo de la habitación y al poco tiempo ambos se desincronizaron. El acoplamiento de los relojes a través de la pared generaba la sincronía o sincronización entre ellos.
A partir de la observación fortuita de Huygens, los científicos han desarrollado toda una rama de la matemática aplicada y la física: la teoría de los osciladores acoplados. Gracias a ella han sido capaces de explicar por qué la Luna en su órbita alrededor de la Tierra nos muestra siempre la misma cara. O entender fenómenos como la superconductividad, algo así como electricidad sin resistencia, donde quienes se acoplan son parejas de electrones. O inventar la luz láser, donde trillones de átomos acoplados pulsan en concierto emitiendo fotones con la misma frecuencia y fase. Así, la danza luminosa de las luciérnagas, la coherencia de los láseres, los chirridos de los grillos, los aplausos en un concierto o los latidos del corazón tienen en común que todos ellos muestran la aparición espontánea de sincronización, de orden temporal.
Referencia del texto: Sincronización de Bartolo Luque.
Una gota de energía.
¿Qué haría usted si le doy una gota de energía? Seguramente, primero intentaría averiguar los errores de la propia pregunta, en segundo lugar, a qué cantidad me refiero con una gota y tercero qué es lo exactamente le estoy pidiendo.
Todo es cuestión de escala. El océano es mucho más grande que una gota de agua. Pero además de estar rodeados de agua, vivimos inmersos en un océano de energía, del que apenas utilizamos una diminuta gota. El Sol es la principal fuente de energía de la Tierra. Cada segundo, 657 millones de toneladas de hidrógeno se convierten en 653 toneladas de helio. Los restantes 4 millones de toneladas de materia son transformados en energía y liberados al espacio.
Nuestro planeta tan solo recibe dos millonésimas partes de esa energía, gracias a la cual millones de metros cúbicos de agua se evaporan al año, los seres vivos son capaces de fabricar millones de toneladas de alimento y la temperatura de la Tierra es la adecuada para que se desarrolle en ella la vida. Todo esto se puede hacer con una sola gota de energía. La respuesta a la pregunta es: vida.
¿Por qué se hace uno científico? ¿A qué se debe esa ansia por descubrir, por destripar la naturaleza? Henri Poincaré lo explica muy bien y brevemente en este fragmento.
“El científico no estudia la naturaleza por la utilidad que le pueda reportar; la estudia por el gozo que le proporciona, y este gozo se debe a la belleza que hay en ella. Si la naturaleza no fuera hermosa, no valdría la pena su estudio, y si no valiera la pena conocerla, la vida no merecería ser vivida. Por supuesto que no hablo aquí de aquella belleza que impresiona los sentidos, la belleza de las cualidades y apariencias; y no es que desprecie esta belleza (lejos de mí tal cosa), pero no es esta la propia de la ciencia; me refiero a aquella profunda belleza que surge de la armonía del orden en sus partes y que una pura inteligencia puede captar. La belleza intelectual se basta a sí misma, y es por ella, más que quizá por el bien futuro de la humanidad, por lo que el científico consagra su vida a un trabajo largo y difícil.”
Henri Poincaré.
Artículos recientes
- ¿Con qué saboreamos?
- Manuel Toharia. La Ciencia también es cultura.
- Sincronización.
- Una gota de energía.
- Henri Poincaré. El trabajo científico.
- Cartografía.
- ¿Qué función tiene el dedo gordo del pie?
- ¿Son constantes las constantes?
- Química y literatura.
- ¿Hacia dónde viaja nuestra galaxia?
- Científic@s fuera del tiesto.
Acerca de
Esta web está dedicada a compartir los conocimientos científicos. Me gustaría que el lector aprenda cuando lea los post, pero lo que más me gustaría es aprender de los lectores. De sus comentarios o sugerencias. Se trata de compartir y aprender conocimientos. Espero que la forma de hacerlo sea amena e interesante. La finalidad es que se habrán debates sobre un tema y que sea un diálogo entre curiosos o/y entendidos de la ciencia.



Últimos Comentarios