¿Elemento? (II)

Por Lorenzo Hernández • 24 ago, 2007 • Sección: Ciencia y TV, Divulgación Científica

 ¿Elemento? (II)Parece que me tendré que ir acostumbrado. Me voy dando cuenta que uno de los errores más comunes en la publicidad es el uso del término “elemento”.

Ya escribí un post parecido sobre elementos químicos artifíciales. Por eso este post es la segunda parte.

Leo en una publicidad de BASF-The Chemical Company cuyo eslogan es “Contribución invisible. Éxito visible”:

“Contribución invisible. El agua es uno de los elementos químicos más preciados de la naturaleza. Aunque la mayoría da por supuesta su pureza, ésta sólo se consigue gracias a productos químicos para el tratamiento del agua. Como los nuestros.”

No sólo se conforma con destrozar el significado de la palabra “elemento” sino que, no contentos con eso, da un significado totalmente erróneo de puro. Dice: “Aunque la mayoría da por supuesta su pureza, ésta sólo se consigue gracias a productos químicos para el tratamiento del agua”.

Primero: si se trata con productos químicos no aumentará su pureza. Sí la calidad y la potabilidad del agua para su consumo, por supuesto, pero no su pureza. Al añadir más sustancias su pureza disminuirá.

Y segundo: lo puro no está relacionado con lo que es bueno o no. De hecho, el agua pura no es buena para el organismo.

Para que no se equivoquen más los/las publicistas y echen abajo varias clases dedicadas a esto en las aulas, les daría un consejo: tengan la tabla periódica delante señores/as. Todo nombre que no aparezca en la tabla no será un elemento. Será otra cosa, pero no un elemento.

Son muchos los científicos que se han dedicado a precisar qué es un elemento y a descubrir los que hoy componen la tabla periódica. Si levantaran la cabeza Boyle, Davy, Cavendish, Dalton o el mismísimo Mendeléiev, más de uno echaría a correr.

pixel ¿Elemento? (II)

3 comentarios »

  1. Hola L!

    Pues verás, para los que no tenemos formación en ciencias son útiles las observaciones como la tuya.
    He sido editora médica, y tener que pelearte con temas que no dominas y trabajar con ellos es estresante, ahora me formo como periodista y cuando tengo que escribir sobre ciencia, medicina o economía, me las veo y me las deseo para no meter la pata.
    Y a veces, donde la metes es en cosas evidentes.
    Me gusta tu blog! te apunto entre mis favoritos.
    un saludo dsd barcelona!
    b

  2. Escribir sobre ciencia es un tema complicado. O uno se queda corto o largo. Es lo que en Didáctica de las Ciencias se llama el lecho de Procusto, no sé si lo conoces: Procusto tenía su fortaleza en las colinas, donde forzaba a los viajeros a tumbarse en una cama de hierro. Si la víctima era alta y no cabía en la cama, Procusto procedía a serrarle las partes de su cuerpo que sobresalían. Si por el contrario era más baja, la golpeaba con su martillo hasta ajustarla con la cama (de esto viene su nombre). Nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque ésta era secretamente regulable: Procrusto la alargaba o acortaba a voluntad antes de la llegada de sus víctimas (en algunas versiones, tenía dos camas diferentes).

    Si lo traducimos a la divulgación científica, se interpretaría de la siguiente forma: los científicos usan un lenguaje muy técnico y se comete el riesgo de que los lectores no entendamos nada. En cambio, el periodista puede cometer errores graves a la hora de divulgar un tema. Hay que intentar recortar de un lado o de otro, como Procusto, para encontrar el equilibrio. Algo muy difícil de hacer.

    El problema que tienen, o tenéis, los periodistas es la rapidez con que tienen que escribir los artículos. Supongo que tiene que ser bastante difícil documentarse y escribir un artículo científico de un día a otro sin ser especialista en el tema. Aunque a veces se cometen errores bastante llamativos como en el conocido incendio del Windsor que analiza Juan Miguel Campanario: http://www2.uah.es/jmc/windsor.htm

    Gracias por ponerme en favoritos. Le echaré un vistazo a tu blog.

    Un saludo.

  3. Me hiciste acordar a una cosa que pasó en mi colegio. El profesor dictaba oralmente sustancias por su nombre coloquial, y había que escribirlas en símbolos. Y allí estábamos todos con las tablas periódicas en las manos, por si nombraba algún elemento del que no supiéramos el número de oxidación. Y el tipo decía, pongamos: Clorato cuproso (quién sabe si existe eso, pero era un ejercicio, claro), nitrato de potasio, cloruro de magnesio.
    Y luego va y dice: Sulfato de amonio. Y se sentía el ruido de las tablas periódicas, al principio pachorrientos y luego un poco desesperados. Hasta que alguno dijo: “El amonio no está en la tabla ¿qué valencia tiene?” Muchos reímos, pero otros compartían la duda de por qué ese “elemento” no estaba allí, hasta que el profesor lo explicó.

Escribe un comentario