La mujer de Jabón y el Hombre de Cera.

Por Lorenzo Hernández • 14 dic, 2009 • Sección: Curiosidades

mujer jabon La mujer de Jabón y el Hombre de Cera.

“El científico camuflado. Investigando los pequeños desastres cotidianos”, de Peter J. Bentley, es de esos libros que me encanta leer por varios motivos: trata de ciencia cotidiana, encuentras multitud de curiosidades, te hace reflexionar y, sobre todo, da soluciones a los pequeños desastres cotidianos. Bentley eleva al máximo exponente la llamada ley de Murphy y propone que un día realmente horroroso se convierta en una oportunidad para aprender ciencia. Todo sale mal, desde que te levantas hasta que te acuestas: te levantas tarde, se te quema la tostada, te cae excremento de pájaro en el coche, una inesperada lluvia te empapa, te pierdes en la ciudad…en fin, uno de esos días que te hubieras quedado en cama.

Como he dicho, el libro está impregnado de curiosidades que he aprendido y estoy aprendiendo, o que se me habían olvidado y he recordado gustosamente. Aquí os dejo una. Os iré dejando más joyitas.

La mujer de Jabón y el Hombre de Cera.

La receta del jabón es muy sencilla. En la fabricación de jabón se requiere un álcali (la lejía: que el hidróxido de potasio ha hecho alcalina. Un viejo truco para saber cuándo está lista la lejía es mirar si un huevo flota en la solución; si lo hace, el agua es lo bastante alcalina.) y una grasa o aceite. Al álcali rompe la molécula de aceite (tripletes de moléculas parecidas que se mantienen juntas) rompiendo los enlaces entre algunos de los átomos, y lo que queda ya no es ni aceite ni álcali, sino que se ha trasformado en una forma de alcohol de azúcar, el glicerol, y el jabón.

Como esta reacción química sólo precisa un par de ingredientes, se conocen unos pocos casos en los que se ha producido de manera espontánea en cadáveres enterrados en la tierra. Si el suelo es muy alcalino y contiene pocos gusanos y bacterias, la saponificación puede convertir en grasa del cuerpo en adipocera, o “cera de las tumbas”, como suele llamarse. Uno de los casos más extremos se produjo en el cadáver de una mujer enterrada en el siglo XIX, cuyo cuerpo entero se fue convirtiendo poco a poco en jabón. La Mujer de Jabón se exhibe en la actualidad en el Museo de Mütter de Filadepfia. No estaba sola: se encontró junto a ella a un Hombre de Cera que en algunas ocasiones se exhibe en el Instituto Smithsoniano, en Washington D.C.

pixel La mujer de Jabón y el Hombre de Cera.

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2 comentarios »

  1. Estoy de acuerdo en que es un buen libro, aunque el traductor ha cometido un tremendo error (página 122). La fuerza entre moléculas (fuerzas de dispersión de London) se han convertido en ¡¡Las fuerzas de diespersión de Londres!!

  2. Sí, lo he visto. Esto ocurre, supongo, porque los traductores de textos cinetíficos no son científicos. Supongo que será muy difícil encontrar a un científico que tenga un nivel de inglés suficiente para ser traductor y un traductor que tenga un conocimiento amplio de ciencia.

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