Dudemos, por favor.

Por Lorenzo Hernández • 2 abr, 2007 • Sección: Hablar de Ciencia

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La Ciencia ha resuelto, e intenta resolver, muchas preguntas que el ser humano se ha cuestionado, pero hay algunas realmente difíciles y que quizá nunca respondamos. Por ejemplo, ¿ha existido siempre el universo, o tuvo un principio? Tan sensato resulta decir que el universo tiene un principio, como decir que no tiene tal principio, porque ambas posibilidades son imposibles de imaginar por la razón. Podemos afirmar que el universo ha existido siempre pero, ¿puede haber existido desde siempre sin que nunca haya tenido un principio? Ahora, estamos obligados a asumir el punto de vista contrario. Si el universo tuvo un principio, tenemos que asumir que antes del éste no existía nada, si no, simplemente hablaríamos de un cambio de estado a otro. Pero, ¿puede algo surgir de la nada?

La teoría más aceptada sobre el origen del Universo es la del Big Bang. Los científicos tienen bastantes pruebas de que hace unos 13 o 14 mil millones de años toda la masa del universo estaba concentrada en un único punto de densidad infinita. Pero, ¿qué había antes de esta situación? ¿Surgió de la nada o existía algo antes? Quizá existía el mismo universo que se expande y se contrae continuamente. Pero, ¿de donde surgió? Bastante difícil de responder.Es la duda lo que hace que aparezca la fe. La duda crea incertidumbre e inquietud. Entiendo que haya personas que se agarren a la religión para encontrar respuestas. Así obtienen respuestas seguras, sin dudas, todo bien atado. El científico no tiene más remedio que vivir con la duda porque la duda es la base de la ciencia. ¿Dónde estaríamos ahora si Galileo no hubiera dudado de la Mecánica de Aristóteles? Como decía el gran Asimov: “Examinen ustedes algunos fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. ¿Y qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!

Ante esta pregunta los alumnos se quedan bastante sorprendidos. Sorprendidos, no sólo por la reflexión que les surge, sino por el hecho de que la ciencia aún no tenga una respuesta. Seguramente haya preguntas que nunca respondamos. Y, en el momento que la respondamos, surgirán muchas más. Pero si conociéramos todas las respuestas la ciencia ya no tendría sentido. Se necesitan preguntas sin responder para que los científicos tengan en algo que trabajar.  Y como el hombre es dudoso por naturaleza, siempre dudará de lo que conoce o de su método de conocimiento, por  lo que la ciencia siempre perdurará. Dudemos, por favor.

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