10 errores que no se deben cometer a la hora de escribir sobre historia de la ciencia.

Por barricelliboullion985 • 11 sep, 2017 • Sección: Hablar de Ciencia

Siempre que se habla de algún tema se pueden cometer dos errores (al menos): o profundizar demasiado y que no se entienda nada y resultar aburrido; o ser tan superficial que se comentan errores graves. Es casi un arte alcanzar un punto medio, fundamental para hacer una divulgación de calidad. En el caso de la historia de la ciencia, por lo general, uno se encuentra libros muy densos que solamente nos parecen interesantes a quienes nos gusta el tema, o libros más divulgativos que se centran básicamente en anécdotas o las típicas historias no demostradas que se cuentan para introducir un tema. En este post pretendo dar algunas recomendaciones generales (según mi conocimiento del tema) para no cometer errores básicos a la hora de hablar o escribir sobre historia de la ciencia.

1. No hacer una interpretación whig de la historia:

El más importante quizá sea intentar no analizar el pasado con las ideas, el contexto y el conocimiento actual. Es lo que llama una interpretación whig de la historia. Es decir, no presentar la historia de la ciencia como una sucesión de eventos que necesariamente han conducido al presente. Dicha interpretación, llevará a un error muy grave: incluir solo aquellos acontecimientos que consideremos relevantes para explicar el presente. Además, seguramente contaremos la historia como si hubieran existido buenos y malos, por lo que nos será difícil comprender por qué la gente del pasado actuó de la manera en que lo hizo. Así, podemos considerar que ciertos experimentos eran obvios y sencillos de realizar, o que los antiguos que descartaban ciertos modelos (por ejemplo el heliocéntrico de Aristarco) eran unos ignorantes y fanáticos religiosos, entre muchas otras visiones erróneas. Este parece el más obvio y básico de los consejos, pero a veces el más difícil de cumplir. Hay que empaparse del pensamiento antiguo hasta el punto de ser uno de ellos, de saber en qué lugar quedan las matemáticas y los experimentos en la observación del mundo y en la creación de modelos, que papel tiene el experimento frente a la razón, que influencia tienen las creencias religiosas en el pensamiento, etc.

2. No dejar un vacío de conocimiento científico entre la antigüedad griega y la Revolución Científica:

Otro error común es considerar que después del esplendor de la ciencia griega hubo una época de oscuridad en la ciencia, que coincide con la Edad Media, hasta el Renacimiento y la llamada Revolución Científica. Además de comentar el esplendor científico de la civilización islámica hay que hacer hincapié en dos instituciones cruciales que para la ciencia que evolucionaron durante el período medieval: observatorios y universidades. Los planes de estudio proporcionaron una familiaridad básica a gran escala con el conocimiento científico. Estos desarrollos crearon una empresa científica cuantitativamente  importante con unas consecuencias sociales amplias. En estas universidades se estudiaba, entre otras cosas, filosofía natural, medicina y matemáticas, y se estudiaban obras de Aristóteles, Euclides, Ptolomeo, Al-Kindi, Ibn al-Haytham o Alhacén, Averroes y otros. Este fue un cambio importante porque al contrario que en la antigüedad, donde las empresas científicas habían estado confinadas a una minoría muy pequeña de individuos, las universidades convirtieron la educación científica en una parte permanente y esperada del paisaje intelectual. (Numbers y Kampourakis, 2015)

El pasar por encima esta época entre la ciencia griega y el Renacimiento tiene otro riesgo: considerar a los científicos del Renacimiento como iluminados que aparecieron de la nada. El caso más común es el de Copérnico, que el primero que se suele nombrar. Copérnico no fue un genio solitario nacido en la oscuridad medieval, fue uno de los miles de estudiosos educados en la universidad y que no solo habían heredado una amalgama muy difusa y adaptada de conocimientos científicos griegos, árabes y latinos, sino que también habían sido educados para criticarla (Numbers y Kampourakis, 2015).

Un ejemplo aparece en el libro “La teoría del Todo” de Stephen Hawking, donde da un “salto cuántico” de Ptolomeo a Copérnico (pinchad en las imágenes para ampliar).

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Más adelante comentaré otro error o simplificación que comete Hawking en este fragmento.

3. Presentar las ideas de Aristóteles de manera adecuada:

Unos de los errores más extendidos, sobre todo en los libros de texto, es presentar las ideas aristotélicas (que se consideran una recopilación del pensamiento antiguo) como ideas sueltas, o comentar solo una de ellas, como la caída de los cuerpos, para compararlas con las ideas de Galileo. De este último, no solo se suele comentar solo una idea sino una recopilación de toda su física, dejando a Aristóteles en desventaja. La manera adecuada es presentarlas como una cosmovisión. No como una lista de la compra donde aparezcan ideas desconectadas, sino como un puzzle (DeWitt, 2010. p. 22) donde las piezas unidas cobra sentido y crean una “teoría del todo”, una visión completa del mundo.

4. No pensar que las pseudociencias (practicadas en el pasado) eran creencias irracionales y que no aportaron nada:

No se debe tratar lo que hoy consideramos pseudociencias desde el punto de vista actual. La astrología era algo más serio (se necesitaban conocimientos astronómicos y matemáticos para configurar un horóscopo) de lo que se ve hoy día en los periódicos o televisión, y la practicaban astrónomos tan importantes como Kepler. Además, aunque hoy la consideramos una creencia sin fundamento, surgió de un argumento lógico: observar que la posición de los astros coincidían con fenómenos naturales como la crecida de un río, la época de lluvias o sequía, etc. Algo que ocurre porque ambos fenómenos son cíclicos y coinciden en el tiempo, no porque haya una influencia real. En cuanto a la Alquimia, que es otra pseudociencia que se suele comentar, no se debe pensar que fue perder el tiempo. Aunque hoy sabemos que sus bases estaban equivocadas, los alquimistas basaban su esperanza en unas bases teóricas y observacionales que en su momento podían considerarse sólidas. La Alquimia no debe ser calificada como “magia” o “brujería”, y considerarla como una fantasía absurda o como un fraude. Era una actividad muy relacionada con la posterior química, de hecho dichas palabras fueron intercambiables al menos hasta comienzos del siglo XVIII. Como es sabido, los alquimistas se descubrieron nuevas sustancias y aportaron muchos instrumentos y procesos para la posterior química.

5. No considerar a Colón el descubridor de la esfericidad de la Tierra:

Esto es cultura básica pero aún es creencia popular que fue Colón quien descubrió que la Tierra era esférica. Cualquiera que repase las observaciones y experimentos de los antiguos griegos se dará cuenta de que la esfericidad de la Tierra ya estaba establecida en la antigüedad. Experimentos como el de Eratóstenes o las observaciones de Aristóteles son ejemplos de ello.

6. No considerar que el modelo heliocéntrico de Copérnico era más sencillo que el de Ptolomeo y que fue aceptado inmediatamente:

Es un error muy extendido creer que el modelo de Copérnico triunfó por que era más sencillo que el de Ptolomeo. Es el error que comete Hawking en el fragmento anteriormente comentado.  Copérnico lo que hizo fue mezclar el modelo heliocéntrico de Aristarco con el modelo de epiciclos. De este modo, Copérnico alcanzó una predicción similar al modelo de Ptolomeo. Aunque en muchos libros de texto se comenta, el modelo de Copérnico no era mucho más sencillo que el de Ptolomeo. El verdadero mérito de Copérnico fue conseguir un modelo heliocéntrico con la misma precisión que el geocéntrico, sin usar, además, ecuantes. Además, en la época de Copérnico, no sólo existía un modelo tolemaico, sino más de una docena (algunos aportados por los árabes), y no estaba claro qué técnicas se podía usar y cuáles no. Además, los errores astronómicos se habían acumulado desde la época de Ptolomeo. Por todo esto, sí había motivos para reformar la astronomía.

Este es un ejemplo, que ilustra Juan Meléndez en su blog https://detalesanewton.wordpress.com, donde se comparan ambos modelos y se observa que no difieren mucho en complejidad. ¿Cuál es cuál? La solución aquí y aquí.

modelo helicéntrico franeta a geocéntrico1 10 errores que no se deben cometer a la hora de escribir sobre historia de la ciencia.

7. Intentar no repetir demasiado la idea de una Revolución Copernicana:

Copérnico no fue tan revolucionario como para ponerle nombre a una Revolución (la Revolución Copernicana). Realmente era un clásico ya que siguió introduciendo epiciclos en su modelo y no desmontó el sistema de esferas heredado de los modelos antiguos. Si le ponemos su nombre a la Revolución, estamos eclipsando a personajes como Tycho Brahe o Kepler que fueron quizá más revolucionarios que él, ya que el primero eliminó las esferas en su modelo geocéntrico y el segundo desterró el círculo para siempre del firmamento, sustituyéndolo por elipses.

8. Una nueva teoría o idea no es fácil de aceptar:

Otro error común es creer que una nueva teoría o descubrimiento se acepta en el mismo momento que se publica la idea. “A partir de la publicación de tal libro se cambió la idea de ver el universo…” Frases como esta son muy comunes pero son erróneas. Normalmente se tardan años e incluso siglos en contrastar una idea y sustituirla por la anterior. Si seguimos con el ejemplo de Copérnico (pobre), su modelo heliocéntrico, publicado en su libro de Revolutionibus Orbium Coelestium, a muchos les pareció una “hipótesis” más. En toda Europa los astrónomos se interesaban mucho en lo que Copérnico tenía que decir, pero, con solo poquísimas excepciones, dieron por sentado que su explicación era errónea. Además era un libro muy técnico que sólo podían entender algunos astrónomos. Sólo tres astrónomos aceptaban a Copérnico: Christoph Rotnann, Giovanni Benedetti y Thomas Dignes (Wootton, 2017).

Esto suele ocurrir en casi todos los nuevos descubrimientos de las distintas ciencias. Un ejemplo es la aceptación de la existencia de los átomos, que aunque los químicos trabajaban con esta idea, muchos de ellos la negaban como algo real.

9. Galileo no hizo el experimento de la Torre de Pisa:

Una historia que se suelen contar en muchos libros y aulas es el famoso experimento, que Galileo nunca realizó, desde la Torre de Pisa. Lo que sí realizó Galileo fue un experimento mental sobre la caída de los cuerpos para contradecir a Aristóteles.

10. Sobre los científicos y su método:

Por último, comentar algunos errores que no se deben cometer sobre la figura del científico:

  • Quizás el más importante: no obviar el trabajo de las científicas.
  • No se debe presentar a los científicos de manera aislada sin contextualizar, como locos incomprendidos por la sociedad o por otros científicos que irracionalmente no aceptaban sus teorías.
  • No hacer solamente hincapié en la ciencia que hacen los científicos. No todo lo que hacen los científicos es ciencia. Un ejemplo claro es Newton, el cual más allá de su obra sobre filosofía natural realizó también experimentos alquímicos y especulaciones teológicas De esta manera, nos hacemos una idea de la dimensión real del personaje, de sus motivaciones y sus creencias.
  • No establecer el método científico como el método que siguen los científicos para llegar al conocimiento.

¿Alguien sigue?

Libros recomendados donde no se cometen estos errores:

  • DeWitt, R. (2013). Cosmovisiones: una introducción a la historia ya la filosofía de la ciencia. Biblioteca Buridán.
  • Hull L.W.H. (1959). Historia y filosofía de la ciencia (1ª ed. en español). España: Crítica S.L. 2011.
  • Krivine. H. (2012).La Tierra. De los mitos al saber. Biblioteca Buridán. 2012.
  • Meléndez J. (2013). De Tales a Newton. Ciencia para personas inteligentes. Elagoediciones.
  • Numbers, R. L., & Kampourakis, K. (Eds.). (2015). La manzana de Newton y otros mitos acerca de la ciencia. Biblioteca Buridán
  • Wootton. D. (2017). La invención de la ciencia: Una nueva historia sobre la revolución científica. Crítica.
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