Guía básica para pensar como los antiguos.

Por Lorenzo Hernández • 27 nov, 2017 • Sección: Hablar de Ciencia

Para comprender realmente el cambio de manera de pensar y ver el mundo tras la llamada “Revolución Científica” (RC) del siglo XVI y XVII, hay que hacer el ejercicio de ponerse en la piel de un personaje anterior a esta época y pensar y razonar como él. Convencerte a ti mismo de que esa forma de pensar es la correcta y darte cuenta de lo difícil que puede resultar cambiar la manera de analizar, razonar y hacer descubrimientos sobre el mundo.

Así que ahora piensa que eres uno de esos filósofos antiguos, o algún personaje culto anterior a la RC: ¿cómo pensarías, razonarías y analizarías el mundo que te rodea para poder comprenderlo?

Sería algo así:

  • Tu interés último es llegar al verdadero conocimiento, la “scientia”, buscar los porqués de los fenómenos. Para ello no te sirven las matemáticas, ya que, para ti, las teorías matemáticas no son explicaciones, son sistemas conceptuales para hacer predicciones. No responden al porqué ocurren los fenómenos.
  • Haces una distinción clara entre natural y artificial: piensas, y con toda lógica, que comprender uno no te va a proporcionar ninguna base para comprender el otro. No relacionas muchos de los fenómenos que observas y estudias. Parece obvio que el estudio de un cometa, por ejemplo, no te ayudará a comprender el vuelo de un pájaro. ¿Es que en principio tienen algo en común?
  • Piensas que los objetos naturales tienen sus propios principios formativos internos, mientras que los objetos artificiales están hechos según un diseño impuesto desde fuera. En definitiva, estás convencido de que las reglas que rigen lo artificial son diferentes a lo natural. Por todo esto, piensan firmemente que el conocimiento que puedes obtener a través de un experimento no es una guía fiable de cómo funciona la naturaleza. Por ejemplo, el hecho de que en un laboratorio se pueda conseguir hacer vacío, no tiene porqué significar que en la naturaleza pueda tener lugar nunca un vacío.
  • Conoces trabajos experimentales de los cuales se ha obtenido conocimiento, por ejemplo cómo se conoció el tamaño de la Tierra, pero sirven para rellenar lagunas en un sistema de conocimiento fundamentalmente deductivo. El experimento no se usa para cuestionar la fiabilidad del propio conocimiento deductivo.
  • Haces una distinción clara entre la física, que es parte de la filosofía y es descriptiva, teleológica y que se ocupa de la causación; y la astronomía, que es parte de las matemáticas, y meramente descriptiva y analítica.
  • Conoces solamente 4 leyes: la ley de la palanca, la ley óptica de la reflexión, la ley de la flotabilidad y la ley del paralelogramo de las velocidades. Pero realmente son principios, no leyes como las concebimos hoy día. Piensas en leyes de la naturaleza cuando realmente quieres decir que la naturaleza es regular y predecible, pero nunca identificas ningún principio científico concreto como ley. Hablas de “Leyes” de la naturaleza en sentido metafórico.
  • Distingues claramente dos mundos: el sublunar y el supralunar. Estos mundos están regidos por leyes distintas. La matemática te sirve para hacer modelos y predicciones del mundo supralunar, pero no del sublunar.
  • No tienes una idea de progreso, de que cada día se descubrirán más cosas que mejorarán el mundo y harán conocer mejor lo que te rodea. De hecho, piensas que hubo épocas más antiguas con mucho más esplendor.
  • Por supuesto, todo lo que necesitas saber se encuentra en Aristóteles.
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