Cuestión de olfato.

Por Lorenzo Hernández • 9 mar, 2010 • Sección: Hablar de Ciencia

olfato intuicion 300x219 Cuestión de olfato.

Últimamente me han ocurrido tres situaciones relacionadas con el olfato. Os las comento:

Situación 1: Hace aproximadamente un mes fui a recoger a un primo mío al aeropuerto de Almería. Nada más entrar al coche, después de los efusivos saludos, me dice:

 ¿Cómo que tu coche aún huele a nuevo y el mío no, si nos lo compramos al mismo tiempo?

¿Huele a nuevo? Pues yo no lo huelo-le contesto.

Situación 2: Al entrar al coche de una amiga me envolvió una intensa fragancia a fresa, que provenía de su ambientador. Exclamé:

¡Qué fuerte huele tu ambientador! ¿Cómo lo soportas?

¿Sí? Pues yo no huelo nada-me contestó.

Situación 3: En el intercambio de alumnos en el aula, me comentó una alumna que olía peste en la clase debido a que había estado otro grupo antes.

No será para tanto, yo no huelo nada-le dije.

En esta última situación, aproveché para comentarles las tres situaciones, que se debían a un mismo fenómeno: la adaptación del olfato.

Este fenómeno se explica conociendo el funcionamiento de las distintas neuronas sensoriales, que son receptores o conexiones de receptores que conducen información al sistema nervioso central,  las que transmiten impulsos producidos por los receptores de los sentidos. El caso es que muchos receptores no siguen reaccionando a la misma velocidad inicial, incluso cuando el estímulo conserva su intensidad. Con el tiempo, la frecuencia de los potenciales de acción en la neurona sensorial disminuye (todas las neuronas conducen la información de forma similar, esta viaja a lo largo de axones en breves impulsos eléctricos, denominados potenciales de acción). Esto puede deberse a que la neurona sensorial se vuelve menos sensible al estímulo, o a que el receptor produce un potencial de menor magnitud, o ambas cosas.

La reducción de la respuesta a un estímulo constante y uniforme se llama adaptación. Algunos receptores, como los del dolor o el frío, se adaptan con tal lentitud que siguen enviando potenciales de acción mientras dure el estímulo. Otros receptores se adaptan con tal rapidez que nos permite ignorar los estímulos desagradables o intrascendentes continuos. Por ejemplo, al vestir por primera vez unos pantalones vaqueros ajustados, los receptores de la presión de las piernas nos informan que están siendo oprimidos en esa zona del cuerpo, lo cual nos hace sentir incómodos; no obstante, poco tiempo después, los receptores se adaptan y lo más probable es que ni nos percatemos ya de la sensación de presión. De la misma manera, los receptores olfatorios se adaptan con rapidez a los estímulos que al principio parecen asaltar los sentidos.

(Al final os dejo dos vídeos explicativos: uno del olfato y otro del potencial de acción.)

¿No os ha pasado alguna vez que dejáis de oler las fragancias que os ponéis después de un tiempo corto? ¿O que detectáis un olor diferente cuando vais a una casa ajena mientras que os da la sensación de que vuestra casa no huele de forma especial? ¿Cómo puede aguantar un adolescente el olor de su habitación un domingo por la mañana después de una marcha?¿Y qué me dicen del olfato de los fumadores?

Me pregunto si podrán percibir y disfrutar el olor de una flor los que trabajan en una floristería. Curiosa paradoja sería.

Estos fenómenos y las situaciones descritas al principio se explican, como he mencionado antes, con la adaptación olfativa.

En la situación 1, lo más seguro es que el coche de mi primo sí huela a nuevo, lo que ocurre es que su olfato está saturado de dicho olor y no lo percibe. En la situación 2, el ambientador de mi amiga sí es muy intenso, pero su olfato está acostumbrado. En la situación 3, el aula sí está “cargada” debido a la respiración de los alumnos y el profesor durante una hora, pero el olor no lo percibimos los que estamos dentro.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=Oi9pdWGvQtE[/youtube]

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=SSWGtA2eaPg[/youtube]

pixel Cuestión de olfato.

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8 comentarios »

  1. Buenas primo!

    Tienes respuesta para todas las situaciones cotidianas. Me gustó mucho esta entrada pero, a pesar de lo que comentas, sigo pensando que tu coche huele mejor (a nuevo) que el mío. Por cierto, Cristina compró un ambientador de pino y la cosa huele mejor ;)

    Un abrazo,

    Miguel A. Mata

  2. Loren,

    El ambientador huele a mango. No sé si el olfato de tu primo es el más fiable, incluso teniendo en cuenta lo que expones.

    Un abrazo,
    Cris

  3. Un inciso:

    Creo que las piernas no dejan de sentir la presión, creo que es la tela y sobre todo el algodón, el que estira con el uso. Un baquero queda ajustado recién lavado, pero después de llevarlo todo el día llega hasta quedar grande.
    Por lo demás explicas un fenómeno que nos ocurre a diario con gran detalle. Gracias.

  4. Puede que sea ya cuestión de olor corporal primo jaja, es broma.

    Puedes que tengas razón Mariluz, parte es porque la tela del pantalón cede un poco. Pero nos ocurre con otras predas de vestir como lo calcetines ¿quién siente la gomilla de los calcetines apretándote? No te das cuenta hasta que te los quitas.

    También es verdad que solemos llevar pantalones muy apretados, más de lo debido. Ya se sabe que es malo para la fertilidad del hombre porque los testículos necesitan encontrar su posisción adecuada para tener una temperatura óptima, varios grados por debajo de la corporal (por eso están fuera del cuerpo mientras que los ovarios están dentro). Quizá la moda de los pantalones caídos no sea tan mala después de todo.

  5. Puede que esa moda no sea tan mala para eso y para algo más. Yo casi identifico a los alumnos del instituto donde trabajo de espaldas por la marca de su ropa interior. jeje.

    Estoy totalmente de acuerdo con lo demás. La saturación de los sentidos es un hecho.

  6. esta muy buena la pagina gracias

  7. Es la mejor descripción y explicación de la saturación olfativa que he leído. ¡Buenísimos los ejemplos descriptivos!

  8. [...] Ambas situaciones se deben al mismo fenómeno y que se conoce como la adaptación del olfato o saturación olfativa. [...]

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