La explicación teleológica de mi hijo de 3 años sobre la flotación de un coche de juguete.

Por Lorenzo Hernández • 1 sep, 2016 • Sección: Hablar de Ciencia

Hace algunos meses que mi hijo de tres años empezó con la etapa de las preguntas tipo Mahuriño: ¿Por qué, por qué, por qué? Como todo padre sabe, es una etapa muy divertida (y desesperante) donde empiezas a darte cuenta de que para muchas cosas no tienes una respuesta clara, o al menos que no tienes capacidad para explicárselo a un niño de tres años y que quede convencido.

En ocasiones, para divertirme aún más, le doy la respuesta científica para ver qué responde. Generalmente, al no entender nada, me contesta con “eso no es así” y me da otra alternativa más mucho más lógica para él (y para cualquiera). En otras ocasiones, cuando la respuesta del por qué es demasiado complicada (incluso para explicársela a un adulto), le respondo: no lo sé, ¿tú que crees? Todos sabemos que las respuestas de los niños suelen ser mucho más divertidas e ingeniosas.

Hace algunas semanas, en una piscina de juguete, estábamos jugando con unos coches. Unos flotaban y otros no. Y claro, ahí fui yo, el profe de física, a preguntarle a mi hijo el porqué ocurría.

Padre: Mira, hijo, ¿te has dado cuenta de que unos coches flotan y otro se hunden? ¿Eso por qué ocurre?

Hijo: Para que corran más rápido y así ganen la carrera.

Ahí terminó la conversación.

La respuesta que dio se llama explicación teleológica, que es aquella dada en términos de un objetivo o propósito o función a realizar. Este tipo de respuesta es la típica que daba Aristóteles, seguramente porque fue más biólogo que otra cosa. Aristóteles explicaba los porqués con paras.

¿Por qué cae la piedra (o el coche de juguete) al suelo? Para estar lo más cercano al centro del universo – respondería Aristóteles.

¿Por qué un manzano produce manzanas? Para dispersas sus semillas y poder reproducirse.

¿Por qué…? Para…

A estas preguntas también se puede responder de manera mecanicista, que no viene dada en términos de objetivos. Por ejemplo, una respuesta mecanicista a la caída de la piedra es que lo hace debido a la atracción gravitatoria.

Lo que me estoy dando cuenta es que la respuesta que suelo dar, creo que al igual que la mayoría de los padres, es también teleológica. ¿Papá, por qué hay que dormir? Lógicamente es mucho más fácil para ambos responder “para descansar, que mañana hay cole” que hablarle del cerebro y los sueños.

Es comprensible que Aristóteles respondiera con para, porque responder con un “porque…” resulta más difícil.

Por cierto, a los niños no les suelen convencer las respuestas que se dan, por lo que insisten hasta la saciedad.

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