Leer por hablar. Dictar apuntes.

Por Lorenzo Hernández • 29 ene, 2010 • Sección: Enseñanza

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Soy de los que piensa que dictar apuntes en secundaria y en la universidad (sobre todo en la universidad) es una pérdida de tiempo. ¿No es mejor dar el material impreso y dialogar con el alumnado? Se ahorra tiempo y además se consigue que el alumno participe y no sea pasivo.

Recuerdo mi etapa de estudiante de secundaria y universidad, ¡ay, qué tiempos aquellos!, que copiar apuntes era lo que menos me hacía pensar y lo que menos trabajo me constaba. ¿Por qué? Porque eso de escribir lo tenemos tan automatizado que ni siquiera tenemos que entender lo que estamos copiando. Yo lo copio y ya lo entenderé cuando me lo estudie en casa. Pero en casa ya no está el profesor o profesora para dialogar con él o ella.

Reproduzco un artículo de Jorge Wagenberg donde refleja la diferenta de realizar una conferencia (o una clase) leyendo un fajo de folios o mirad al público (al alumnado) y hablar. Un símil que nos puede servir a los profesores para no caer en la fácil tarea de dictar apuntes.

En la mesa hay siete ponentes y un moderador. Cada uno dispone de 20 minutos para su intervención. Empieza la sesión. Cinco de ellos desenfundan un fajo de folios, bajan la cabeza y leen sin piedad. Los otros dos miran de frente, y hablan.

Cuentan, aunque quizá no sea cierto, que un viejo profesor universitario llegaba a clase con un vetusto magnetófono, lo ponía en marcha y volvía pasados 50 minutos para recuperarlo. Sus mejores clases estaban grabadas, ¿por qué renunciar a la perfección? Pero un día el viejo profesor olvidó el paraguas y regresó cuando solo habían transcurrido 20 minutos. Al abrir la puerta se quedó con el pomo en la mano y la boca abierta. En el aula vacía sonaba su voz, pero eso no era lo más sorprendente. Un centenar de magnetófonos de bolsillo giraban en silencio, uno en cada silla, grabando, muy aplicados, la clase del día.

El cerebro que ha escrito el texto que se está leyendo y el cerebro que ha grabado la cinta que se está escuchando tienen algo en común: ambos están ausentes. De hecho, el viejo profesor también podría haber optado por quedarse en el aula y mover los labios como si estuviera hablando. Un conferenciante que lee tiende a desconectar su cerebro; ¿por qué no va a hacer lo mismo su audiencia? Un conferenciante que habla es un cerebro que piensa, siempre a punto para la conversación. ¿Por qué acudir a una conferencia leída? Yo ya sé leer solito. ¿No podría alguien mandarme un folleto a casa?¿Acudir a una conversación sólo para hacerme cargo de las distancias que me separan del prójimo? ¿No podría el prójimo ser tan amable de enviarme sus distancias por correo? Conferenciante que hablas, tu imperfección es perfecta.

Del mismo modo, un profesor que habla es un cerebro que piensa, siempre a punto para la conversación. El profesorado que dicta apuntes tiende a desconectar su cerebro.

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3 comentarios »

  1. Buenísima la historia.

    En secundaria no es fácil que les facilites a los alumnos material, que se lo miren y luego poder discutir sobre él. Para salvar esto mis compañeros del instituto y yo estamos trabajando en un sistema que parece que no va mal, en no demasiado intentaré hacer un post en mi blog por si alguien se anima a intentarlo.

    Saludos

  2. Que se lo lean en casa es difícil, por no decir imposible, pero se puede leer en clase. Y siempre se ahorrará tiempo si se lee que si se dicta, tiempo que se puede dedicar a dialogar, pensar y trabajar sobre lo que se ha leído. Eso, al menos, es lo que pienso y lo que hago la mayoría de las ocasiones.

    Saludos Javier. Esperaré y leeré ese post.

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