Mayer, de la sangre al primer principio de la Termodinámica.

Por Lorenzo Hernández • 2 sep, 2009 • Sección: Breves Historias, Científic@s

julius%20robert%20meyer Mayer, de la sangre al primer principio de la Termodinámica. Julius Robert Mayer es una de las figuras más curiosas de la historia de la ciencia. Nació en 1814 y era hijo de un boticario de Heilbronn. Fue siempre un estudiante mediocre, pero entró en la Universidad de Tübingen en 1832 para estudiar medicina y obtuvo una buena base de química bajo la enseñanza de Gmelin. Se graduó en 1838, para lo cual presentó una breve disertación sobre el efecto de la santonina en las lombrices de los niños. Nada en su carrera académica sugería que estaba a punto de hacer una gran contribución a la ciencia.

Muchos otros se había interesado por eso que llamamos calor: Lavoisier (1743-1794), Joseph Black (1728-1799) o Benjamín Thompson, conde de Rumford, entre otros. (1753-1814). Sin embargo, Rumford no pudo aclarar el origen de este movimiento.

Mayer, con el deseo de ver el mundo entró a servir como médico en el barco de tres mástiles Java y partió de Rotterdam en febrero de 1840. Pasó el largo viaje en la ociosidad, arrullado por las balsámicas brisas de la costa; según Ostwald, de esta manera almacenó la energía psíquica que iba a estallar de súbito poco después de desembarcar. Según el relato del propio Mayer, su serie de pensamientos empezó bruscamente en el muelle de Surabaya, cuando tuvo que practicar sangrías a varios marineros. La sangre venosa era de un rojo tan vivo que al principio creyó que había abierto una arteria. Sin embargo, los médicos locales le dijeron que este color era el color normal de la sangre en los trópicos, pues el consumo de oxígeno necesario para mantener la temperatura d ela sangre era menor ene las regiones más frías. Mayer empezó a pensar en ello. Como el calor animal era generado por la oxidación de los alimentos, le sugirió la pregunta de qué ocurriría si además de calentar el cuerpo se producía también trabajo. De una cantidad idéntica de alimento se podía obtener a veces más y a veces menos calor. Si se puede obtener del alimento un rendimiento total fijo de energía, se debe concluir que trabajo y calor son cantidades intercambiables de la misma clase. Al quemar la misma cantidad de alimento, el cuerpo animal puede producir proporciones diferentes de calor y trabajo, peor la suma de los dos ha de ser constante. Mayer pasó sus días a bordo trabajando febrilmente en su teoría. Se convirtió en un hombre obsesionado por una gran idea en la que dedicó toda su vida.

En realidad, Mayer estaba completamente confuso en cuanto en cuanto a las distinciones entre los conceptos de fuerza, momento, trabajo y energía, y el primer artículo que escribió no fue publicado por el editor de la revista a la cual lo envió. Poggendorf lo archivó sin dignarse siquiera contestar las cartas de Mayer. A comienzos de 1842, Mayer había puesto en orden sus ideas y pudo igualar el calor a la energía cinética y la energía potencial. En marzo de 1842, Liebig aceptó su artículo para la revista Annalen der Chemie und Pharmazie.

“Por aplicación de teoremas establecidos a las relaciones de calor y volumen de los gases, se encuentra…que la caída de un peso desde una altura de unos 365m corresponde al calentamiento de un peso igual de agua, de 0 a 1ºC.”

Casi simultáneamente que Robert Mayer, el gran físico inglés James Prescott Joule (1818-1889) realizó una brillante serie de experimentos y pudo demostrar que el calor era una forma de energía. Asimismo, presentó uno de los primeros enunciados de la conservación de la energía. Se debe mencionar que los argumentos utilizados por Mayer para llegar a dicho enunciado contenían muchas generalizaciones sin base firme.

Se puede decir que Mayer fue el padre filosófico de la primera ley y que Joule estableció firmemente el principio. Finalmente, el físico alemán Hermann von Helmholtz (1821-1894) estableció el primer principio sobre una base matemática publicando tratamiento cuantitativo de la conservación de la energía en el que incluía también las energías eléctrica, magnética y química.

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2 comentarios »

  1. Siempre me sorprendio que este hombre llegase a la conservacion de la energía partiendo de algo tan poco intuitivo como el color de la sangre venosa. Quizá no fundamentó o suficiente, pero es de esos chispazos geniales que se dan de cuando en cuando.

  2. es increible y fomenta la teoria de que un humano no es capas de crear algo por si solo sino que depende de la informacion que como receptor su cerebro canalize o mal entienda y lleve junto con otros eventos a un resultado. me parece increible como las cosas se relacionan XD

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