No hace falta saber componer una sinfonía para escucharla.

Por Lorenzo Hernández • 3 oct, 2009 • Sección: Divulgación Científica, Hablar de Ciencia, Música

ludwig van beethoven c11747955 No hace falta saber componer una sinfonía para escucharla.

El director de orquesta sabe todas las dificultades, incógnitas, matices, subidas y bajadas de intensidad de la música, o qué quería decir el autor con ese silencio en mitad de la obra. Pero los que vamos a escucharla, que no sabemos del todo la complejidad de los pentagramas y de la interpretación, nos da igual todo eso. Lo que queremos es que esa música nos emocione, nos haga reflexionar, recordar a un ser querido o, simplemente, que nos divierta y entretenga. No necesitamos comprender “la novena” de Beethoven para poder escucharla.

Este rol es el que deben adoptar los científicos y los ciudadanos. El científico o divulgador, debe enseñar al gran público sus descubrimientos para que, al igual que la música, nos emocionemos, nos interesemos, reflexionemos o nos entretengamos. En un concierto de música no nos explican la obra, nos la enseñan. ¿Qué tenemos que hacer los ciudadanos? Escuchar con atención. Ese es nuestro papel. Escuchar, claro está, para poder luego opinar y dialogar. La crítica que podamos hacer después de un concierto será proporcional a nuestro conocimiento de la obra. Por supuesto, mi conversación después de la interpretación del 2do Concierto de Piano de Rachmaninov, no alcanzará, ni por asomo, las cotas técnicas de la conversación de los concertistas. Pero da igual,  lo importante es lo que haya sentido y lo que me proporcione la obra al escucharla.

Del mismo modo, una conversación sobre células madre, energía nuclear o alimentos transgénicos entre dos ciudadanos no será del mismo carácter técnico que la de dos científicos, pero al igual que la música, lo importante es la utilidad y aplicación que le puedan dar en su vida. Después del concierto, o de la conferencia sobre células madre, cuando llegamos a casa, podemos irnos directamente a dormir o informarnos sobre la historia del autor, de su obra y el motivo de ese silencio tan largo en mitad del cuarto movimiento después del melancólico y solitario sonido del primer violín.

Los científicos no deben caer en el error de no divulgar por pensar que no entenderán sus hallazgos, sino enseñar, exponer y divulgar su obra para que el ciudadano escuche con atención e intente informarse para aprender lo que directamente le repercute. Y posteriormente, usar su derecho de patalear si lo cree oportuno.

¿Qué opináis?

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